Transcribo algunas partes de lo publicado en la sección que Coelho tiene en Viva, la revista del diario Clarín.
“En cierta ocasión, mientras esperaba a mi editora polaca en una estación de tren, sin nada que hacer, me puse a elucubrar cuál sería la distancia que había entre los rieles. Decidí preguntarle a un trabajador de la estación.
—Están a 143,5 centímetros uno del otro—me dijo.
[…]
—¿Y eso por qué? —le insistí al trabajador.
—Porque es eso lo que hay entre las ruedas de los vagones.
—Pero… ¿La ruedas no se separan así por la distancia que hay entre los rieles?
—Las cosas son así, y punto.
[…] ¿hasta qué punto las cosas son de cierta manera porque si? En el caso de las vías, resolví buscar una respuesta. Para mi sorpresa, me topé con más de dos mil páginas dedicadas al asunto. Una de las explicaciones más interesante –y más simbólicas- es la que paso a contar.
Cuando construyeron los primeros vagones, usaron las mismas herramientas que se empleaban para la construcción de carruajes. ¿Y por qué los carruajes tenían esa distancia entre las ruedas? Porque las antiguas carreteras se realizaron con esa medida. ¿Y quién decidió que las carreteras debían tener ese ancho? Fueron los romanos. ¿La razón Dos caballos tiraban de los carros de guerra de la época, y al poner lado a lado los dos animales, ocupaban 143,5 centímetros.
O sea que el ancho de la vía usado por modernísimos trenes de alta velocidad fue determinado por los romanos. Cuando los emigrantes fueron a los Estados Unidos para construir el ferrocarril, siguieron el mismo modelo. Esto llegó a afectar incluso a la construcción de transbordadores espaciales: los ingenieros estadounidenses consideraban que los tanques de combustible debían ser más anchos, pero se fabricaban en Utah, y debían ser transportados por tren hasta el Centro Espacial de Florida, a través de túneles que no permitirían el paso de nada diferente. Conclusión: tuvieron que resignarse a lo que los romanos habían elegido como medida ideal.
En un momento dado de la historia, alguien apareció y dijo: “Debéis comportaros de esta manera”. Así también, muchas cosas de nuestras vidas tienen que cambiar, pero no encontramos el valor necesario. Mientras no lo encontremos tendremos que seguir sonriendo en las fotos, jurando amor eterno, pensando que la universidad es la meta de todo el mundo, y teniendo esta increíble dificultad para que el tren de nuestra vida transite por lugares donde la medida de los valores es otra.”