El Segundo Sexo (IV)

Un poco del matrimonio y la infidelidad:

(…) reducida a la condición de sirviente, ya no es esa presa indomada en la cual se encarnaban todos los tesoros de la Naturaleza. Desde el nacimiento del amor cortesano, ya es un lugar común lo que el matrimonio mata el amor. Demasiado despreciada o demasiado respetada, demasiado cotidiana, la esposa ya no es un objeto erótico. Los tiros del matrimonio están primitivamente destinados a defender al hombre contra la mujer; ésta se convierte en su propiedad; pero todo lo que poseemos nos posee a su vez; también el matrimonio es para el hombre una servidumbre; entonces es cuando cae en la trampa tendida por la Naturaleza: por haber deseado una joven lozana, el varón debe alimentar durante toda su vida una gorda matrona, a una vieja reseca; la delicada joya destinada a embellecer su existencia se convierte en un fardo odioso.

(…) El adulterio no puede desaparecer sino con el matrimonio mismo. Porque el fin del matrimonio consiste, en cierto modo, en inmunizar al hombre contra la mujer: pero las demás mujeres conservan a sus ojos su vertiginoso atractivo, y hacia ellas se volverá. Las mujeres se hacen cómplices. Porque se rebelan contra un orden que pretende privarlas de todas sus armas.

[la mujer] únicamente a través del adulterio y la mentira puede demostrar que no es la cosa de nadie y desmentir las pretensiones del varón. Por eso están tan prontos a despertarse los celos del hombre (…)

 

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