Fragmentos del libro “El segundo sexo”, aún vigentes:
Hay que negarle la instrucción y la cultura, prohibirle todo cuanto podría permitirle desarrollar su individualidad, imponerle ropas incómodas, animarla para que siga un régimen conducente a la anemia. La burguesía sigue exactamente ese programa; las mujeres quedan esclavizadas en la cocina, en la casa, se vigila celosamente sus costumbres; se las encierra en los ritos de un saber vivir que traba toda tentativa de independencia. En compensación, se les rinden honores, se las rodea de las más exquisitas cortesías. “La mujer casada es una esclava a quien hay que saber sentar en un trono”, dice Balzac; está convenido que, en toda circunstancia insignificante, el hombre debe desaparecen discretamente ante ellas, debe cederles el primer puesto; en lugar de hacerles transportar fardos, como en las sociedades primitivas, se procura solícitamente descargarlas de toda tarea penosa y de toda preocupación, lo cual equivale también a librarlas de toda responsabilidad. Se espera que, así burladas y seducidas por la comodidad de su posición, acepten el papel de madres y amas de casa al que se las quiere reducir. Y el hecho es que la mayoría de las mujeres de la burguesía capitulan. Como su educación y su situación parasitaria las colocan bajo la dependencia del hombre, ni siquiera se atreven a presentar reivindicaciones, y las que tienen audacia suficiente para hacerlo, apenas encuentran eco. “Es más fácil cargar de cadenas a las gentes que quitárselas si esas cadenas proporcionan alguna consideración”, ha dicho Bernard Shaw. La mujer burguesa se atiene a sus cadenas, porque se atiene a sus privilegios de clase.
Las mujeres que han realizado obras comparables a las de los hombres son aquellas a quienes la fuerza de las instituciones sociales ha exaltado por encima de toda diferenciación sexual.
(…) los verdaderos mandos del mundo jamás han estado en manos femeninas.
Los privilegios económicos ejercidos por los hombres, su valor social, el prestigio del matrimonio, la utilidad de un apoyo masculino, todo empuja a las mujeres a desear ardientemente agradar a los hombres. En conjunto, todavía se hallan en simulación de vasallaje. De ello se deduce que la mujer se conoce y se elige, no en tanto que existe por sí, sino tal y como el hombre la define. Por consiguiente, tenemos que describirla en principio tal y como los hombres la sueñan, ya que su ser-para-los-hombres es uno de los factores esenciales de su condición concreta.
¿Qué tan obsoletos han quedado estos pensamientos del siglo pasado? ¿De qué hablamos cuando hablamos de “la igualdad alcanzada”? ¿Qué dirían las feministas que dieron su vida por los derechos logrados si vieran que conmemoramos este día con la típica técnica de compensación machista?
Escrito por Mariel