Algunas reflexiones sobre el día de la mujer.

marzo 8, 2012

Fragmentos del libro “El segundo sexo”, aún vigentes:

Hay que negarle la instrucción y la cultura, prohibirle todo cuanto podría permitirle desarrollar su individualidad, imponerle ropas incómodas, animarla para que siga un régimen conducente a la anemia. La burguesía sigue exactamente ese programa; las mujeres quedan esclavizadas en la cocina, en la casa, se vigila celosamente sus costumbres; se las encierra en los ritos de un saber vivir que traba toda tentativa de independencia. En compensación, se les rinden honores, se las rodea de las más exquisitas cortesías. “La mujer casada es una esclava a quien hay que saber sentar en un trono”, dice Balzac; está convenido que, en toda circunstancia insignificante, el hombre debe desaparecen discretamente ante ellas, debe cederles el primer puesto; en lugar de hacerles transportar fardos, como en las sociedades primitivas, se procura solícitamente descargarlas de toda tarea penosa y de toda preocupación, lo cual equivale también a librarlas de toda responsabilidad. Se espera que, así burladas y seducidas por la comodidad de su posición, acepten el papel de madres y amas de casa al que se las quiere reducir. Y el hecho es que la mayoría de las mujeres de la burguesía capitulan. Como su educación y su situación parasitaria las colocan bajo la dependencia del hombre, ni siquiera se atreven a presentar reivindicaciones, y las que tienen audacia suficiente para hacerlo, apenas encuentran eco. “Es más fácil cargar de cadenas a las gentes que quitárselas si esas cadenas proporcionan alguna consideración”, ha dicho Bernard Shaw. La mujer burguesa se atiene a sus cadenas, porque se atiene a sus privilegios de clase.

Las mujeres que han realizado obras comparables a las de los hombres son aquellas a quienes la fuerza de las instituciones sociales ha exaltado por encima de toda diferenciación sexual.

(…) los verdaderos mandos del mundo jamás han estado en manos femeninas.

Los privilegios económicos ejercidos por los hombres, su valor social, el prestigio del matrimonio, la utilidad de un apoyo masculino, todo empuja a las mujeres a desear ardientemente agradar a los hombres. En conjunto, todavía se hallan en simulación de vasallaje. De ello se deduce que la mujer se conoce y se elige, no en tanto que existe por sí, sino tal y como el hombre la define. Por consiguiente, tenemos que describirla en principio tal y como los hombres la sueñan, ya que su ser-para-los-hombres es uno de los factores esenciales de su condición concreta.

¿Qué tan obsoletos han quedado estos pensamientos del siglo pasado? ¿De qué hablamos cuando hablamos de “la igualdad alcanzada”? ¿Qué dirían las feministas que dieron su vida por los derechos logrados si vieran que conmemoramos este día con la típica técnica de compensación machista?


Día Internacional de la Mujer

marzo 8, 2012

De ESTO -entre otros reclamos-, se trata éste día tan banalizado:

Hablemos de igualdad ahora.


El miedo del varón a la mujer y viceversa.

noviembre 3, 2011

“Why are you afraid of women?” I asked a group of men.
“We’re afraid they’ll laugh at us,” replied the men.
“Why are you afraid of men?” I asked a group of women
“We’re afraid they’ll kill us,” replied the woman.

Margaret Atwood


El Segundo Sexo (V)

febrero 7, 2011

“Una dama en la sociedad y una puta en la cama.”

Hay una doble exigencia del hombre que destina a la mujer a la duplicidad: quiere que la mujer sea suya y que permanezca extraña; la sueña sirvienta y hechicera a la vez. Pero públicamente sólo asume el primero de estos deseos; el otro es una reivindicación hipócrita que disimula en lo más recóndito de su corazón y su carne; ella se opone a la moral y a la sociedad; es mala como lo Otro, como la Naturaleza rebelde, como la “mala mujer”.

 


El Segundo Sexo (IV)

febrero 5, 2011

Un poco del matrimonio y la infidelidad:

(…) reducida a la condición de sirviente, ya no es esa presa indomada en la cual se encarnaban todos los tesoros de la Naturaleza. Desde el nacimiento del amor cortesano, ya es un lugar común lo que el matrimonio mata el amor. Demasiado despreciada o demasiado respetada, demasiado cotidiana, la esposa ya no es un objeto erótico. Los tiros del matrimonio están primitivamente destinados a defender al hombre contra la mujer; ésta se convierte en su propiedad; pero todo lo que poseemos nos posee a su vez; también el matrimonio es para el hombre una servidumbre; entonces es cuando cae en la trampa tendida por la Naturaleza: por haber deseado una joven lozana, el varón debe alimentar durante toda su vida una gorda matrona, a una vieja reseca; la delicada joya destinada a embellecer su existencia se convierte en un fardo odioso.

(…) El adulterio no puede desaparecer sino con el matrimonio mismo. Porque el fin del matrimonio consiste, en cierto modo, en inmunizar al hombre contra la mujer: pero las demás mujeres conservan a sus ojos su vertiginoso atractivo, y hacia ellas se volverá. Las mujeres se hacen cómplices. Porque se rebelan contra un orden que pretende privarlas de todas sus armas.

[la mujer] únicamente a través del adulterio y la mentira puede demostrar que no es la cosa de nadie y desmentir las pretensiones del varón. Por eso están tan prontos a despertarse los celos del hombre (…)

 


El Segundo Sexo (III)

febrero 2, 2011

(…) al soñarse así como donante, liberador, redentor, el hombre desea todavía la sumisión de la mujer; porque para despertar a la Bella Durmiente del Bosque es preciso que duerma; hacen falta ogros y dragones para que haya princesas cautivas. Sin embargo, cuanto mayor es el gusto del hombre por las empresas difíciles, con mayor placer concederá la independencia a la mujer. Vencer es todavía más fascinante que liberar o dar. El ideal del hombre medio occidental es una mujer que sufra libremente su dominación, que no acepte sus ideas sin discusión, pero que ceda ante sus razones, que le resista con inteligencia para terminar dejándose convencer. Cuanto más se exalta su orgullo, más le agrada que la aventura sea peligrosa: resulta más hermoso domeñar a Pentesilea que desposarse con una  Cenicienta consentidora. “El guerrero ama el peligro y el juego –dice Nietzsche-,y por eso ama a la mujer, que es el juego más peligroso.” El hombre que ama el peligro y el juego ve sin desagrado que la mujer se torne amazona, si mantiene la esperanza de reducirla: lo que su corazón exige es que esa lucha siga siendo para él un juego, mientras que la mujer empeña en ella su destino; ésa es la verdadera victoria del hombre, libertador y conquistador: que la mujer lo reconozca libremente como su destino.

 

Desde el momento en que a la mujer se la considera una persona, no se la puede conquistar sin su consentimiento; hay que ganarla.

 


Los Piropos.

enero 31, 2011

http://www.mujerpalabra.net/pensamiento/analisisfeminista/pirops.htm

Destaco una parte, en partícular:

Todas las mujeres sabemos intuitivamente que cuando un hombre desconocido te dice algo en la calle puede pasar cualquier cosa: desde que se limite a su agresión verbal (agresión porque no la pides y te la impone), a que intente tocarte o asaltarte.

Porque más allá de que te juzguen (¡¡y te lo digan!!) por tu cuerpo, que resalten tus “virtudes” o “defectos”, que te hagan pasar vergüenza, o lo que sea, etc., etc. Hay algo que -me atrevo a asegurar sin lugar a dudas- ningún piropeador piensa: aunque lo hagan con la mejor onda, generan un estado de miedo/alerta en la otra persona porque ella no se sabe hasta dónde se va a llegar. Y no hace falta ser un genio para darse cuenta que salir a la calle así, no está bueno.

Me recuerda a la frase “la caballerosidad está muerta, y la mataron las feministas”, haciendo referencia a que los hombres ya no dicen “cosas lindas” ni tienen “gestos lindos”. ¡Ojalá! Que Buda nos oiga.


El segundo sexo (II)

enero 19, 2011

Varias veces se ha dicho que “desde que la mujer empezó a trabajar, la familia tradicional se desmoronó”, haciendo alusión a la mayor participación femenina en el mercado laboral de estos últimos tiempos. Mentira. La mujer trabajó siempre, a la par del hombre, pero en trabajos peor pagos, no reconocidos o ignorados. La idea de “la mujer ama de casa con tiempo libre de sobra” es una idea burguesa del siglo XVIII que sólo fue posible en las clases de élite de la sociedad. Mientras, en los suburbios, pasaba esto:

“El fabricante M.E. me hizo saber que en sus telares mecánicos solamente empleaba mujeres, y que daba preferencia a las casadas, y, entre éstas, a las que tenían en casa una familia que mantener, porque ponían mucha más atención y mostraban más docilidad que las solteras, ya que tenían que trabajar hasta el agotamiento de sus fuerzas para procurar a los suyos los medios de subsistencia indispensables. Así es –añade Marx- cómo son falsedades las cualidades propias de la mujer en detrimento suyo y cómo todos los elementos morales y delicados de su naturaleza se transforman en medios para esclavizarla y hacerla sufrir.” Resumiendo El Capital y comentando a Bebel, escribe G. Derville: “Animal de lujo o animal de carga, he ahí lo que es casi exclusivamente hoy la mujer. Entretenida por el hombre cuando no trabaja, sigue siéndolo también cuando se mata trabajando.”

La idea de la mujer como la reina de la casa, que se dedica a tomar el té, explotando al marido que trabaja incansablemente es un chiste de mal gusto. O como dijo Balzac, al referirse a las mujeres de las altas esferas socio-económicas de le época: “La mujer casada es una esclava a quien hay que saber sentar en un trono.” ¿Qué tan lejos estamos de esa afirmación, hoy en día?


Los caballeros las prefieren brutas.

enero 18, 2011

Algunos fragmentos del libro de Isabela Santo Domingo que me gustaron:

Que nos liberáramos de todo y aprendiéramos que si no fingimos un orgasmo no pasa nada. Pues a ellos realmente lo único que les importará, casi siempre, será buscar y encontrar su propio clímax así finjamos y advirtamos que somos multiorgásmicas. No les importa, no insistan. Qué tal si aprendiéramos más bien a que no sólo sentir placer es algo bueno, sino además que el orgasmo es responsabilidad de cada uno por igual. Que ni debemos esforzarnos por fingir que nos están matando del placer, ni creer que a ellos les excita realmente pensar que logramos el orgasmo gracias a ellos, ni mucho menos que es responsabilidad del otro procurarnos así sea el mínimo de placer. No, aprendamos más bien que es responsabilidad de cada quien y así tendremos vidas sexuales más satisfactorias.

(…) insisto que el orgasmo, en el caso de las solteras, las casadas, las viudas y en el de todas las mujeres por igual, es responsabilidad de cada una. Dejemos por un momento de pensar que ellos son buenos o malos en la cama. Evitemos darles el poder y el control de nuestro placer sexual. Volvámonos mujeres realmente prácticas, condescendientes, mujeres activas, participativas, creativas sin exagerar y con menos complejos que ahora. Que no volvamos a depender de ellos para gozarlo, que entendamos por fin que no tiene nada de malo disfrutarlo igual que ellos, y que pedirlo de vez en cuando nos fortalece el cuerpo y el espíritu. Que tenemos también derecho a ser un poco egoístas igual que lo son ellos, que no tiene que condenarse a fingir orgasmos toda la vida por temor a perderlo. Créame que no les importa más que al principio y por puro y físico orgullo machista. De allí en adelante señoras, su propia satisfacción sexual, que sea también su propia responsabilidad.

 

Y una reflexión sobre el feminismo y las relaciones entre mujeres que me pareció genial:

¿Para qué iba a querer entonces luchar toda mi vida por ayudar a las demás mujeres del mundo a lograr sus objetivos, si para la mayoría de ellas su objetivo en sus vidas sigue siendo criticar a las demás?

 

 

 

 


El segundo sexo (I)

enero 15, 2011

Para todos aquellos que padecen complejo de inferioridad, hay ahí un linimento milagroso: con respecto a las mujeres, nada hay más arrogante, agresivo o desdeñoso que un hombre inquieto por su virilidad.

 


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