La dicotomia de San Valentín.

febrero 14, 2012

Quería escribir algo al respecto de “el día de los enamorados”, pero me crucé en mis RSS con éste artículo (en inglés) y me ahorró todo el trabajo. Cito:

Part of me thinks: “this is a commercialized, manufactured holiday that celebrates oppressively inflexible gender roles, shames men who don’t give the perfect gift and women who don’t get the perfect gift, marginalizes queer people, marginalizes the shit of single people and people in closeted relationships, and ought to be completely unnecessary in a relationship where we express our love when and how we feel in rather than the way The Man tells us to. The holiday sucks and as someone who cares about conscious and intentional relationships, I should have no goddamn part of it.”

But a smaller yet deeper part of me feels sad about those words, because they’re words that come from a sexual and romantic rebel, yes, but they’re also words that come from a Perfect Girlfriend Who Never Wants Anything. (I have battled often with the Perfect Girlfriend Who Never Wants Anything inside me, desperately resisting her threats that I’m just one “can we go out somewhere nice tonight?” away from morphing into the High-Maintenance Girlfriend Who Wants Everything.) (….)

Also, Valentine’s Day sometimes feels like a one-day hyper-concentration of the “you poor dear, guess he doesn’t love youthat much” messages I get from the mainstream culture (…) It’s not that I even want any of those things, but the relentless message of “non-traditional relationships are no way to treat a lady!” still seeps through to my sad little insecure place sometimes.  Celebrating Valentine’s Day like giant saps is a relatively safe, cheap way to soothe that little sad place.  Or maybe it’s a way to say screw you, society, see how our non-traditional love can be tottaly sappy.

I don’t want diamonds and I don’t want to receive without giving, but I think exchanging goofy heart candies** for goofy reasons is an opportunity to say “You know what? Sometimes validating feelings is more important than always fighting the good fight.”

Agrego una sola cosa: como el artículo es (obviamente) estadounidense, no habla de la gran gran crítica a la que se apela en Argentina al respecto: “ES UNA FIESTA IMPORTADAAAAA!!!!!” Oh, el horror. EL horror. Cómo vamos a hacer la locura totalísima de celebrar algo que es universal (como el amor) porque vino del norte. Me encanta la onda nacionalista, pero mientras sigamos asociando a la navidad con el gordito simpaticón vestido de rojo y blanco, es una hipocresía total. Además no veo qué tiene de intrínsecamente malo adoptar nuevas costumbres.

Igual me parece genial que haya gente que realmente rechace costumbres extranjeras. Pero habría que tener coherencia, al menos.

 Con todo esto no quiero decir que necesariamente apoye al día de los enamorados. Aclaro.


Medir…

mayo 9, 2010

Medir la fortaleza através de la fuerza física es como medir la inteligencia en función de qué tan rápido se es con la matemática. Parcial, inútil e ignorante.


Saber lo que no se quiere.

mayo 7, 2010

Saber lo que no se quiere es siempre más fácil que saber lo que sí se quiere. Y si bien no es suficiente, es un excelente comienzo.


Y si..

mayo 3, 2010

¿Y si lo que vivimos en realidad no lo vivimos?


El daño que…

abril 16, 2010

El daño que puede producir una mujer dominante y con maldad a su pareja, lo marca para el resto de sus relaciones amorosas.

El daño que puede producir un hombre dominante y con maldad a su pareja, la deja marcada para cada aspecto de su vida.

Algunos hombres insisten en remarcar que también existe mujeres violentas que maltratan a sus parejas. Es cierto. Son, aproximadamente, el 2%. El otro 98% de los maltratadores son hombres. Y si bien toda forma de violencia y abuso es terrible, condenable y asquerosa, hay algunas diferencias entre las que ejercen las mujeres y los hombres. Las mujeres usan, principalmente, la tortura psicológica, el maltrato verbal, el menosprecio, la indiferencia, cachetadas, pellizcos, etc. Los hombres, todas las anteriormente mencionadas en conjunto con golpes con una fuerza física superior y violaciones.

Creanme, no es lo mismo recuperarse de lo uno que de lo otro. Sobre todo cuando hay un sistema judicial y social que apaña la conducta masculina.


Hay una frase…

abril 11, 2010

Hay una frase, famosa entre algunos hombres, que dice algo así como:

“Para estar bien con una mujer es necesario encontrar el grado justo de maltrato.”

Yo propongo otra:

“Para estar bien con un hombre, hay que encontrar el grado justo de histerisia y tortura piscológica.”

Aunque suene triste y deprimente, ambas se aplican para la mayoría. ¿Será que el ser humano es un animal masoquista?


Sos..

marzo 27, 2010

¿Sos hombre?
¿Sos blanco?
¿Sos heterosexual?
¿Sos primermundista?

Entonces el mundo está a tus pies.


Algunos..

marzo 19, 2010

Algunos tienen dominados, otros dominantes; muy pocos tienen una pareja.


Los asientos para embarazadas.

marzo 17, 2010

Si algún día tengo la brillante idea de quedar embarazada, una de mis condiciones será tener el suficiente poder adquisitivo para tener un auto y/o poder pagar un remis o taxi o combi. ¿Por qué? porque así evito viajar en algún transporte público.

Me explico. Ayer, mientras esperaba que salga el tren en hora pico, subió una mujer embarazada. Como ya todos los asientos estaban ocupados, ella se quedó parada sin decir nada. Una señora, indignada, dijo en voz bien alta, “Acaba de subir una mujer embarazada, ¿alguien le puede dar el asiento?”. Atiné a levantarme, pero sabiendo de antemano que algún pseudo caballero se levantaría primero para quedar como todo un gentleman.

Cuestión que toda la situación me hizo reflexionar sobre un par de cosas. Primero, que no me gusta eso de “gente, paren el mundo que se acaba de subir una embarazada”.

Segundo, que la mina se terminó sentando en un asiento que no le correspondía. Para algo están los asientos especiales para embarazadas. Pista: hay que pedir esos, no el de cualquiera. Porque, como hago yo, seguramente muchos evitan esos asientos para no tener que cederlos. A mi me daría vergüenza hacer viajar parado a alguien que no estaba sentado en un asiento reservado para mi condición.

Tercero, me recordó la situación de cuando a los papis se les ocurre ir de shopping/cine/a-comer-afuera/etc. con los nenes. Joden a medio mundo que no tiene la culpa que a ellos se les haya ocurrido esclavizarse con las criaturas. Ellos tienen todo el derecho del mundo de ser padres, pero sin embargo el resto de la humanidad paga las consecuencias.

Cuarto, hay dos formas de ver el tema de los asientos especiales para embarazadas. Una es verlo desde el punto de vista de un “beneficio” por ser mujer y tener que sobrellevar la terrible carga los 9 meses (sin ironías). En tal caso, quiero que me cedan el asiento cuando me viene. Porque hay algunos meses que me duele al estar parada y si tengo que viajar, me la tengo que bancar. Sin embargo, aunque es una condición exclusiva (sin posibilidad a elección, a diferencia el embarazo) de las mujeres, no va a pasar. La otra forma es verlo como una elección personal. Ella eligió estar embarazada y eligió viajar en tal condición. Es como si pidiera el asiento cuando llevo unos tacos de 10 cm (como me ha pasado…), que te trituran los tobillos y te cansa las piernas, pero a nadie en su sano juicio se le ocurriría darme el asiento y viajar parado porque a mi se me ocurrió salir en un estado totalmente incómodo.

Quinto, ¿por qué no le cedemos el asiento a los que se acaban de sacarse sangre, los que vienen de quimoterapía, los que caminaron dos kilómetros y medio, los obesos que se cansan, los médicos que vienen de guardías de 36 horas, etc., etc.?

En fin. No entiendo porqué es tan difícil respetar los asientos especiales. O no preveer que si estás en una etapa del embarazo avanzado -como era el caso de ésta mujer-, deberías tratar de evitar las horas picos o buscar una forma más cómoda -por tu bien- de trasladarte.

Otra razón más para no tener hijos. Y van…


Precio.

febrero 26, 2010

Si hay algo que me enseñó Nueve Reinas (la película) es que todos tenemos un precio. Lo que nos diferencia es en el monto, nada más.

Algunos son más accesibles: un pete a cambio de un trago, dejar pasar una infracción de tránsito a cambio de $50, etc. Otros, tienen gustos más refinados: una noche de pasión a cambio de un Mercedes, un casamiento sin amor en pro de la herencia, votar en contra de una ley en favor de 1000 hectáreas, etc. Otros tantos, aquellos que juran no venderse por nada, en realidad tienen pretenciones altruistas: muchos estarían dispuestos a dar su vida bajo la promesa de una sociedad más justa, o sin hambre, o ponerle fin a una guerra.

Pero lo que nos une es que, ya sea por $25, un millón, diez billones, una casa de ensueño o un ideal comunista, todos, todos, nos venderíamos.


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