Bueno, hoy estoy pasando al segundo piso. Ergo: cumplo 20 añitos :p
Es un buen día, así que estoy de buen humor.
Wii! Regalos!
Bueno, hoy estoy pasando al segundo piso. Ergo: cumplo 20 añitos :p
Es un buen día, así que estoy de buen humor.
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En cuestiones sentimentales, me tomo las cosas literalmente.
Por eso odio las películas románticas, donde el cari-lindo de turno hace TODO y más por su enamorada, porque se que no es real ni en mil años. Me joden las frases extremadamente cursis. Lo único que soporto son las canciones melosas, aunque no me las creo ni las comparto.
¿A qué me refiero con lo literal? A que si un hombre me dice que haría todo por mi, espero que haga todo. Y cuando digo todo, es todo. Desde comprarme un chocolate del que tengo antojo a las 5 de la mañana hasta meterse en la jaula de los leones porque se me ocurrió.
Pero eso no existe, por consiguiente me estaría mintiendo. No con intención de hacerlo, claro.. él sólo quiso jugar a ser Romeo.
En el supuesto caso que alguien tan pelotudo diera conmigo y estuviese dispuesto a hacerlo, tampoco estaría conforme. Porque eso significaría que tiene el amor propio en negativo y no me gustan los hombres así.
A modo de conclusión: prefiero mil veces un simple “te quiero” o un “me encanta estar con vos”, etc. antes que los patéticos y súper-utilizados “yo, por vos, bajaría la luna” ó “si me dejás, me muero”, porque son dos cosas irreales. Ni me vas a poder bajar la luna en la puta vida, ni yo soy tu pulmotor para que te mueras sin mi. Diferente sería si me dijera algo más realista como “por vos, me tomo el primer avión para ir a verte” o “sin vos, no sé cómo sería mi vida”, etc.
No sé quién fue el de la brillante idea de usar éstas frases dignas de una novela romántica del siglo XVIII. Las cosas ya no funcionan así. El amor está sobrevaluado y el romance ni hablemos.
Evidentemente la fantasía no es para mi. Vivir en un submundo de irrealidad mágica y romántica donde existen cosas como “el amor de tu vida”, me enferma. A mi dejame con los pies bien en la tierra y no creyéndome peces de colores que nunca existieron.